El 22 de agosto de 2006, un chaval de 22 años salía de la urbanización que le vio crecer, en el Cabo de las Huertas, metía el petate en el maletero del Seat Ibiza blanco de su amigo Jorge, dejaba la mochila en el asiento de atrás, y echaba un último vistazo al sexto izquierda mientras el coche se alejaba de la calle Tridente.